De gerente a ganadero

Aprendí que muchas veces la práctica y la experiencia, pueden más que un título universitario.
Desde que era pequeño, acompañaba a mi padre a una finca que tenía al norte del país, muy cerca de la frontera con Nicaragua. Recuerdo que al principio la forma de ingresar era por el río en bote. Tomábamos la lancha un día, trabajábamos el siguiente y regresábamos de madrugada al tercero. Desde años recientes, ya el camino nos permite llegar hasta la propiedad en carro.
Ahí se cría ganado y se mantiene un bosque.
En el 2009, papá enfermó y mis padres me heredaron en vida la finca.
Durante muchos años lo acompañé, pero yo no soy ganadero y, para ser honesto, él tampoco lo era; le gustaba la actividad pero era mucho mejor en otros negocios.
En ese momento me encontré con un terreno y una actividad de la que conocía muy poco.
Yo no sabía nada de toros ni de vacas. Tuve que empezar a aprender de cero. Al inicio creí que era muy sencillo, pero conforme más consultaba, más claro me quedaba que había mucho detalle y yo sabía muy poco.
Me sirvió mucho hablar con expertos en el tema. Una de las principales fuentes de conocimientos han sido dos veterinarios; uno de ellos experto en reproducción de toros y el otro de vacas.
Cada viaje a la propiedad les preguntaba todo lo que podía, les pedía que me hablaran de buenas prácticas que veían en otros clientes y cuando podía me iba de gira para ver lo que otros hacían bien.
Recuerdo que uno de ellos un día me dijo: “usted es demasiado pequeño para ser ineficiente”. Eso fue algo que me dolió, pero me quedó muy claro. En una gran hacienda ganadera, entre los miles de cabezas era comprensible que la productividad se midiera de forma imprecisa; pero en mi caso, debía ser muy eficaz y saber todo sobre la finca y los animales.
Otra gran fuente de instrucción fueron otros criadores. Recuerdo que en una oportunidad compré un excelente toro a muy buen precio, de excelente genética y muy buen porte. Era un toro de cinco años, lo estaban desechando de una finca porque ya sus hijas estaban en edad reproductiva y era inadecuado que las preñara.
Lo llevé a la finca con muy buenos resultados; los terneros que engendraba eran excelentes. Sin embargo, un día el animal empezó a perder peso y a caminar poco, hasta que murió. El veterinario no supo diagnosticar lo que pasaba, ni mucho menos curarlo.
Tuve que comprar otro animal y hablando con el vendedor, don Manuel, un ganadero de muchos años, me dio el dictamen: “ese toro venía de una zona seca del país, además de una finca con mucho relieve; su finca está en una zona muy lluviosa, es plana y fangosa; a ese toro se le pudrieron las pezuñas y, por el dolor, dejó de caminar hasta que murió de hambre”. Ese día aprendí que muchas veces la práctica y la experiencia, pueden más que un título universitario. Nunca más volví a comprar un toro que no fuera de la misma zona y estuviera adaptado al barro y a las altas precipitaciones del trópico húmedo.
Definitivamente, el mercado es otro lugar para recibir cátedra. La subasta ganadera es el lugar donde se juntan compradores y vendedores, un lugar ideal para conversar y aprender.
He de decir que la falta de conocimiento de esta área me generó muchas pérdidas. Sobre todo porque uno intenta lograr buenos resultados con premisas incorrectas.
Hubo lecciones que nos costó aprender.
Durante varios años nos dedicamos a mejorar la genética, pero el veterinario insistía que el potencial genético del animal no se iba a lograr si no mejorábamos la comida, es decir, el pasto. Insistimos con la genética y no alcanzamos los resultados deseados.
Intentamos con alimento para ganado y el costo era inmanejable. Siempre nos decían que un buen ganadero es un excelente agricultor. Un día de tantos, nos enfocamos en el tema del pasto. Cuando hicimos las mejoras, pasamos de aumentos promedio de peso diario por cabeza de 225g a ganancias de 700g diarios, es decir, más de 300% de aumento en peso promedio de lo que lográbamos antes.
En retrospectiva, me pregunto, ¿por qué nos cuesta hacer lo correcto? ¿Por qué cuando los expertos nos dicen lo que hay que hacer muchas veces insistimos en otra cosa?
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