Olvídese del sueño Latinoamericano

Hay algunas personas que son muy dadas a lamentarse en vez de tomar acciones
Muchos hemos escuchado del famoso sueño Americano, que consiste en llegar a Estados Unidos (EEUU), aprovechar las oportunidades de ese país, trabajar duro y hacer fortuna.
De forma irónica, yo llamo “el sueño Latinoamericano” a la actitud de muchos de no esforzarse, no prepararse, trabajar poco y querer hacer fortuna.
Conozco a muchas personas que se han ido a EEUU, han trabajado muchísimo (dos y hasta tres trabajos) y han logrado hacer dinero. Estas personas allá trabajan en lo que sea y se desempeñan 16 y hasta 18 horas diarias.
Yo me pregunto: ¿por qué no trabajan tan duro acá? ¿Por qué en su país de origen no aceptan trabajos que allá sí aceptarían? ¿Por qué dejan en su país todo botado y se van a un lugar que no conocen ni entienden?
Irse es una opción, pero creo que ver las oportunidades en el medio que uno conoce, entiende, en donde cuenta con amigos y familia, es más prudente.
Un día en una clase, un estudiante expuso que la situación financiera de la familia había venido a menos. Ya el dinero no rendía como antes y estaba preocupado. Yo le pregunté qué cuantos trabajos tenía. Con cara de asombro y de forma categórica me respondió que uno, a lo que yo le repliqué que por qué no conseguía otro trabajo y generaba más dinero. Mi respuesta no le hizo gracia.
Hay algunas personas que son muy dadas a lamentarse en vez de tomar acciones.
En mi caso y el de muchos amigos que damos clases en la universidad, es común tener nuestro trabajo regular en el día y dar clases por la noche. Es usual que impartamos lecciones en una o dos universidades distintas o que hagamos consultorías en las noches o los fines de semana.
Cada vez que he querido conseguir algo material, he dedicado más tiempo a estas actividades y he logrado generar más para conseguirlo. Lamentarse y echarse a llorar no es la solución.
Si usted desea más ingresos, prepararse más y trabajar más, son dos vías claras para lograrlo; la fortuna fácil le va a llegar a pocos.
Recuerdo una conferencia de don Miguel Ángel Cornejo, en la que contaba de un hombre que le pedía a Dios ganar la lotería. Un día Dios le habló y le dijo: “hijo mío, al menos compra lotería”.
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